Un Cristo para religiosos y ateos

Un Cristo para religiosos y ateos

Otros serán más famosos, pero el Cristo de La Habana tiene algo, una mística que convoca a religiosos y ateos por igual. Erigido sobre una colina en Casablanca, al cruzar la bahía habanera, este coloso esculpido en mármol de Carrara parece bendecir a la ciudad que se abre a sus pies, ecléctica y desafiante.

Se puede llegar por carretera, cruzando el túnel y bordeando la fortaleza de San Carlos de la Cabaña, pero más interesante es navegar las oscuras aguas de la bahía a bordo de la “lanchita”, para llegar a este pueblecito de pescadores y gente de mar, que también marca el nacimiento del tren de Hershey, el único eléctrico que aún anda en Cuba.cristo

Obra de la escultora cubana Jilma Madera, este Cristo tiene rasgos mestizos, y aunque las tormentas eléctricas lo han castigado, se mantiene en pie, estoico y lleno de significados, como un símbolo de una ciudad maravilla que no se deja vencer.

Las escaleras para llegar a la estatua están al cruzar el parque de Casablanca, ocultas entre casas y otras construcciones. También se puede ir por una zigzagueante carretera, con buena brisa y vistas paulatinas de la ciudad. Los escalones tienen su encanto, pues uno se adentra en una suerte de favela donde no corre peligro, y avanza a la sombra.

Quizás el mejor momento para subir al Cristo sea el atardecer, porque la luz sobre el Casco Histórico de La Habana es fantástica y surrealista. Además, a esa hora quedan muy pocos buscavidas vendiendo souvenirs, y uno logra gozar de cierta paz.

 

 

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